La Transgrancanaria Classic es una de las ultras más exigentes de inicio de temporada en Europa. La carrera cruza la isla de Gran Canaria de norte a sur, con 125 kilómetros y cerca de 6.700 metros de desnivel positivo. Los atletas salen a medianoche desde la costa norte y terminan al día siguiente por la tarde cerca de las dunas desérticas de Maspalomas. Este año, el clima volvió a cambiar de forma drástica a lo largo del recorrido: frío, lluvia y viento dominaron las zonas de montaña durante la noche antes de dar paso al calor y a terrenos más expuestos en la parte final.
Jon Albon completó el recorrido en 12:58:08, logrando finalmente la victoria tras haberse quedado cerca el año anterior.
Aunque la cobertura de las carreras suele centrarse en momentos clave o parciales por secciones, la verdadera historia de esta actuación está en cómo se gestionó la prueba de principio a fin. Los datos de la carrera de Jon muestran un ejemplo casi perfecto de estrategia y ejecución en ultra distancia.
Un recorrido que obliga a una estrategia de ritmo inteligente
En carreras de trail como la Transgrancanaria, el terreno marca el ritmo mucho más que la velocidad pura. El recorrido asciende por bosques de pinos, atraviesa crestas volcánicas y desciende por largos senderos técnicos antes de abrirse a tramos más rápidos cerca de la meta. Es un perfil muy adecuado para Jon, conocido por su técnica y versatilidad.
El ritmo bruto rara vez cuenta toda la historia. Caminar en subida, descensos técnicos y tramos corribles distorsionan constantemente los parciales, sin contar los factores ambientales. Lo realmente importante es mantener un esfuerzo fisiológico constante durante toda la carrera. ¿La mejor métrica para ello? La frecuencia cardíaca.
A lo largo de toda la prueba, Jon pasó:
- 32% del tiempo en Zona 1
- 67% en Zona 2
- 1% en Zona 3
Esto encaja perfectamente con el objetivo fisiológico de muchos corredores élite de ultra: mantenerse por debajo del primer umbral de lactato (LT1) durante el mayor tiempo posible. El LT1 suele situarse al final de la Zona 2, y Jon pasó toda la carrera salvo cinco minutos por debajo de ese límite.
Igualmente importante fue lo que no ocurrió: la deriva cardíaca. Incluso en las horas finales de competición, su frecuencia cardíaca se mantuvo estable. Esa estabilidad refleja un ritmo controlado desde el inicio, una estrategia de nutrición constante y un entrenamiento específico en Zona 3.
Mantener ese control durante casi 13 horas es extremadamente difícil, especialmente en un terreno que invita a cambios constantes de ritmo.
Ese control es la base del éxito en ultra distancia.

Dinámica de carrera en los primeros kilómetros
Las primeras horas añadieron otra capa de complejidad. Un grupo cabecero se formó pronto, con Jon, Tom Evans, Josh Wade y Hannes Namberger. En lugar de encontrar un ritmo constante, la dinámica del grupo generó cambios continuos de velocidad.
El grupo tenía suficiente ventaja como para no ser alcanzado, por lo que el ritmo aceleraba o se relajaba según quién tirara en cada momento.
Recordando ese inicio, Jon comentaba: “Me ponía a tirar en cabeza, me molestaba tener que trabajar tanto, me dejaba caer atrás… y entonces parecía que el ritmo bajaba.”
Estos cambios pueden ser sorprendentemente exigentes. Acelerar y frenar constantemente obliga al cuerpo a reajustar el esfuerzo en lugar de mantener una producción estable. Sin embargo, ese ritmo algo más contenido pudo ayudar a conservar energía para la segunda mitad.
Con el paso de los kilómetros y las condiciones, el grupo se fue reduciendo. Evans abandonó y Namberger empezó a perder terreno. La carrera quedó en un mano a mano.
El movimiento táctico que decidió la carrera
La única vez que Jon entró en Zona 3 fue durante un breve esfuerzo para cerrar el hueco tras parar a cambiarse las zapatillas. No quería que Josh ganara confianza al abrir ventaja.
Ese esfuerzo duró menos de cinco minutos y fue el único pico significativo de intensidad en toda la jornada, pero Jon reconoció el riesgo:
“Ahí podría haber arruinado mi carrera. Cinco minutos empujando demasiado fuerte pueden hacer que el resto de la prueba se vuelva inestable.”
Desde el punto más alto del recorrido, el descenso hacia el avituallamiento de Tejeda (79,2 km) abrió diferencias en cabeza. Jon y Josh se destacaron, mientras Hannes mantenía la tercera posición. Tras una parada muy rápida, Jon salió liderando. Poco después, Josh volvió a alcanzarlo y atacó en la subida hacia Roque Nublo. Jon entendió que ese podía ser el momento decisivo.
“Aún quedaba muchísimo hasta meta, y cómo afrontas el primer minuto o dos de una subida es clave. Hay que construir el esfuerzo de forma progresiva, pero él fue totalmente a tope.”
Jon mantuvo la calma y se mantuvo cerca. Cuando Josh paró brevemente para quitarse la chaqueta y evitar el sobrecalentamiento, Jon aprovechó la oportunidad. En el siguiente avituallamiento (89,1 km), ya tenía dos minutos de ventaja.

A partir de ahí surgió un nuevo reto: mantener esa ventaja en solitario hasta el final.
Sostener el liderato durante tanto tiempo exige disciplina física y mental. La diferencia fluctuó entre 2 y 10 minutos, y Jon nunca tuvo información totalmente fiable. Finalmente, cruzó meta con cinco minutos de margen sobre el segundo clasificado.
Cambios en el entrenamiento que marcaron la diferencia
Jon afrontó la edición de 2026 con varios ajustes respecto al año anterior. Ninguno fue extremo, pero juntos mejoraron su resistencia y eficiencia.
1.Más entrenamiento en llano
En lugar de correr siempre en montaña, añadió más sesiones en carretera llana para desarrollar una producción aeróbica sostenida. Aunque siguió incluyendo sesiones específicas en terreno de montaña para preparar los descensos, separó el trabajo aeróbico del acondicionamiento muscular específico.
Para mantener la preparación muscular necesaria para los descensos pronunciados, siguió incluyendo sesiones específicas de montaña. Cada dos semanas, se desplazaba a terrenos que le permitieran acumular un volumen significativo de carrera cuesta abajo. Este enfoque permitía separar el desarrollo aeróbico del acondicionamiento específico de las piernas, en lugar de intentar trabajar ambos aspectos en cada salida.
2. Más volumen, intensidad ajustada
Durante las últimas dos temporadas ha ido aumentando progresivamente el volumen. Tras construir una base sólida, en 2026 pudo incrementar la carga más lentamente e introducir intervalos en Zona 3 para mejorar la velocidad sostenible sin comprometer la resistencia necesaria para ultras.
3. Nueva estrategia de nutrición
También cambió su ingesta de carbohidratos, pasando a consumirlos cada 30 minutos. “Tener una estrategia completamente distinta de nutrición me dio más energía hasta la mitad de la carrera.”
Combinada con una buena gestión del ritmo, esta mejora en la nutrición le permitió tener energía suficiente para atacar en el momento adecuado.
Los datos de entrenamiento crean intuición en carrera
Aunque los datos de carrera son muy útiles después, Jon no estaba mirando constantemente el reloj. Sus decisiones se guiaban principalmente por sensaciones.
El entrenamiento ya le había enseñado cómo se siente cada nivel de intensidad.
“Mientras esté en Zona 2, estoy bastante cómodo.”
Esa familiaridad le permitía mantenerse en el rango de esfuerzo adecuado sin necesidad de monitorizarlo constantemente durante la carrera.
Entrenar de forma consistente con datos de frecuencia cardíaca y esfuerzo permite desarrollar una intuición interna del ritmo, una de las herramientas más valiosas en los deportes de resistencia.

Reducir la carga mental durante la carrera
Incluso con buenos instintos de ritmo, una carrera de 13 horas implica una gran exigencia mental. Navegación, nutrición y logística compiten por la atención del atleta mientras este gestiona la fatiga.
En la Transgrancanaria, Jon se apoyó en dos funciones clave del reloj: la navegación y las alertas de nutrición.
La navegación le dio seguridad en zonas volcánicas remotas, mientras que las alertas le ayudaron a mantener una ingesta constante. Al delegar estas tareas en el reloj, pudo centrarse en el ritmo, el terreno y sus rivales.
Jon también destacó la ventaja mental de conocer el recorrido:
“Cada carrera tiene su propia personalidad, y cuando la conoces, todo es más fácil. Ya sabía cómo me sentía en distintos puntos y tenía muchas referencias.”
Ya había competido aquí antes, a diferencia de algunos rivales. Cada edición es similar, pero también diferente. En su caso, esa combinación le llevó a la victoria.
“Eso es lo bonito del trail running. Puede ser una experiencia completamente distinta aunque sea la misma carrera. Nunca había disputado una carrera tan táctica: desde esos juegos al principio, con gente que no quería tirar y el ritmo que de repente caía, hasta ese duelo estratégico con otro corredor intentando elegir el momento adecuado para atacar. Fue divertido.”

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