A cinco minutos del inicio de la Final de las Golden Trail Series 2023, Mădălina Florea no estaba pensando en la estrategia.
No estaba analizando a las atletas que la rodeaban, ni pensando en cómo afrontar las subidas y bajadas que tenía por delante, ni calculando cuándo atacar. Había llegado a una de las líneas de salida más importantes del trail running, rodeada por las mejores corredoras del mundo.
Y estaba vomitando.
Durante años, así era como la presión se manifestaba en su cuerpo. Antes de las grandes competiciones, ante esos momentos que había pasado persiguiendo toda su vida, el estrés llegaba antes que ella misma. Le quitaba el sueño. Le cerraba el estómago. Hacía que comer fuera imposible. La acompañaba hasta la línea de salida y se quedaba allí hasta que empezaba la carrera.
"Era casi como si necesitara vomitar para sacar todos los pensamientos negativos de mi mente", comenta.
En 2023, el contraste era casi cruel. Mădălina había llegado a la Final de las Golden Trail sin un patrocinador principal, ni siquiera con una ayuda para los viajes. Esa temporada la ayudó a convertirse en atleta profesional y a abrir esas puertas.
Pero el apoyo externo solo llega hasta cierto punto.
"Puedes tener el mejor equipo a tu alrededor y todo lo que necesitas para competir", afirma. "Pero una mente sana no se puede comprar".
El miedo nunca fue la competición
A Mădălina le encanta competir. Cuanto más nivel hay en la carrera, más viva se siente. Una línea de salida llena de talento no la empequeñece; la estimula.
"La competición no es algo a lo que le tenga miedo", dice. "Ver lo fuertes que son mis rivales me motiva".
Su entrenador desde 2023, Greg Vollet, vio exactamente lo mismo. Sin embargo, cuando el nivel era alto, algo cambiaba. El problema era lo que ocurría antes de la carrera, cuando la emoción se transformaba en presión, y la presión en estrés físico.

Crédito: @goldentrailseries @koastalforest
No se sentía abrumada por los espectadores, las rivales o las expectativas del público. La presión que cargaba era la que ella misma se imponía. Quería dar su mejor versión cada vez que se plantaba en una línea de salida. Lo deseaba tanto que ese deseo se convertía en estrés, y el estrés en malestar físico. No podía dormir antes de las carreras. Durante la competición, le costaba tomar los geles. A veces, lo único que toleraba era un poco de agua.
Cuando el rendimiento le quitó la alegría
Tras una sólida preparación para Sierre-Zinal en 2024, se sintió vacía. El deporte se estaba volviendo demasiado serio. Quería parar. No quería correr más.
"Si ya no encuentras placer en lo que haces", confiesa, "quizás sea mejor parar y hacer otra cosa".
Había alcanzado el nivel con el que una vez soñó, pero el estrés le había robado algunos recuerdos antes de poder vivirlos plenamente. Estaba presente físicamente, pero consumida emocionalmente.
"Me miro a mí misma hace un par de años y siento que no estuve ahí en los momentos importantes", explica.
Esa certeza dolió, pero también abrió una puerta.
El valor de abrirse
Mădălina llevaba mucho tiempo queriendo hablar con un psicólogo.
Aun así, querer ayuda y permitir que te ayuden no son la misma cosa. Para una atleta acostumbrada a sufrir, luchar y demostrar su valía, abrirse puede resultar más difícil que cualquier ascensión. Había pasado años entrenando su cuerpo para soportar el dolor. Compartir sus emociones requería otro tipo de fuerza.
"Tenía miedo de mis propias emociones", afirma.
En junio de 2025 comenzó a trabajar con una psicóloga. Desde entonces, habla con ella todas las semanas.
El objetivo del trabajo no era hacer desaparecer el miedo, sino comprenderlo, observarlo y darle forma. Aprendió a tomar distancia del ruido de su mente en lugar de creerse cada pensamiento de inmediato.
En la línea de salida, se lleva una mano al pecho. Respira. Conecta consigo misma. La emoción sigue ahí, pero ya no es el enemigo.
"Escucho a las emociones", dice. "Siento las mariposas en el estómago. Me gusta".

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Su entrenador, Greg Vollet, describe este trabajo con claridad: el miedo tiene una razón de ser. En los deportes de montaña, el miedo protege a los atletas. Una caída puede lesionarte. El riesgo es real, pero si el miedo supera al control, puede generar el peligro que se suponía que debía evitar.
"Si tienes demasiado miedo a caerte y pierdes el control, ten por seguro que te caerás".
Para Mădălina, la tarea consistía en conservar el miedo útil y reducir aquel que alteraba su cuerpo.
"Ser valiente (fearless) no significa no tener miedo", afirma. "Significa aprender a utilizar el miedo de forma que te ayude a avanzar".
La adaptación como fortaleza
El último año le ha enseñado a Mădălina una palabra a la que ella y su entrenador recurren a menudo: adaptación.
Durante la primera temporada de Mădălina con su entrenador, este le pidió que dejara de correr por completo durante un mes entero. Volver a empezar fue brutal: iba más lenta, estaba sensible y temía haber perdido la forma.
Pero el estado de forma volvió. Aprendió que el descanso no borraba todo su trabajo.
Ahora es capaz de aceptar la recuperación cuando está enferma o cuando siente una pequeña molestia. Puede desconectar del deporte con sus amigos y recuperar el tipo de energía que el entrenamiento en solitario no puede proporcionar.
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El cambio no se debe a que a Mădălina le importe menos. Sigue queriendo ganar y demostrar de lo que es capaz, pero está aprendiendo que la ambición no tiene por qué convertirse en rigidez. En el entrenamiento y en la competición, aquí es donde los datos resultan útiles. Cuando el miedo empieza a distorsionar la realidad, las métricas objetivas pueden devolver al atleta a lo que es real.
La recuperación, el sueño, la frecuencia cardíaca, la carga de entrenamiento y cómo responde el cuerpo al esfuerzo pueden cambiar la pregunta de "¿Soy lo suficientemente buena?" a "¿Qué necesito hoy?". Para Mădălina, el uso más saludable de los datos no es demostrar su valía, sino ayudarla a escucharse.
La libertad de cambiar
La transformación se convirtió en algo visible para todos. El corte de pelo. La ropa. La energía.
"Es tan alocado como yo", dice. "No quiero que me importe si la gente me juzga porque estoy delgada, porque llevo el pelo corto y no parezco lo suficientemente femenina según sus cánones. No quiero encajar en la estrecha imagen de lo que se supone que debe ser una atleta femenina".

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Cambiar su aspecto físico le dio la sensación de convertirse en alguien nuevo.
"Nadie conoce a esta nueva versión de mí", afirma, "así que puedo ser quien yo quiera".
Esa es, posiblemente, la parte más valiente de su historia.
Encuentra tu propio camino
El consejo de Mădălina para los atletas más jóvenes es sencillo: no te pierdas intentando convertirte en otra persona. Admira a los demás, aprende de ellos, pero encuentra tu propio camino. Y, sobre todo, sigue disfrutando. Sin alegría, el deporte se vuelve demasiado pesado para soportarlo durante mucho tiempo.
Sigue queriendo ganar. Le siguen gustando las carreras duras, pero correr no debería consumir toda su energía mental. Quiere tener una vida más allá de las zapatillas.
El miedo seguirá apareciendo. Mădălina ya no intenta silenciarlo.
"El miedo puede ser como un café cargado. Si lo aprovechas en lugar de luchar contra él, te da energía y te empuja hacia adelante".

Crédito: @goldentrailseries @koastalforest

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