Molly Seidel sabe lo que significa vaciar el depósito. Ha competido en los mayores escenarios del running con grandes resultados. Conoce el desgaste de entrenar durante meses —y años— para un único día. Pero en el Black Canyon 100K descubrió otro tipo de esfuerzo.

“Probablemente es la carrera en la que más he trabajado, quizá en toda mi vida.”

Y viniendo de una maratoniana olímpica, eso dice mucho sobre lo que realmente exige el ultra.

En un maratón, te mueves al límite de tu capacidad aeróbica, pero la meta nunca está tan lejos. En un 100K, la incomodidad se queda. Se acumula con cada pequeño error.

Molly fue cuarta en Black Canyon y consiguió un Golden Ticket para Western States. El resultado es solo una parte de la historia. Si miras más de cerca, verás cómo aprendió en tiempo real lo que realmente demanda el ultratrail.




Del ritmo al esfuerzo

Gran parte de la carrera de Molly se ha construido en torno al ritmo. El entrenamiento para maratón está basado en el ritmo, y los ajustes por desnivel o climatología suelen ser pequeños. El esfuerzo importa, pero se expresa a través del ritmo.

El trail rompe esa lógica.

Las subidas te frenan. Las bajadas disparan la carga muscular. El terreno cambia la mecánica de zancada. El ritmo, en términos prácticos, deja de ser una referencia fiable. Ese cambio obligó a Molly a modificar su enfoque de entrenamiento, incorporando la frecuencia cardiaca como variable clave.

“Es una parte muy importante de mi entrenamiento para ultras, porque el ritmo es prácticamente irrelevante en muchos de estos recorridos. Todo gira en torno al nivel de esfuerzo, así que poder usar la banda de frecuencia cardiaca y obtener datos realmente precisos es, para mí, algo fundamental.”

Cuando el terreno es variable, la frecuencia cardiaca y el ritmo ajustado al esfuerzo ofrecen una imagen más clara del coste fisiológico de lo que estás haciendo. Gestionar el esfuerzo desde el principio es lo que marca la diferencia cuando el desgaste empieza a pasar factura. Ir por encima del esfuerzo adecuado en los primeros 42km dispara el coste físico después.


La primera parte de Black Canyon está marcada por largos tramos en bajada, lo que prácticamente te obliga a ir rápido si quieres mantenerte en el grupo de cabeza. Eso incrementa el riesgo de sufrir un bajón más adelante, pero era necesario si quería luchar por un Golden Ticket.

Molly reconoció que las bajadas eran su mayor debilidad. Todavía está desarrollando la musculatura necesaria para correr rápido en descenso. Las subidas, en cambio, se convirtieron en su punto de apoyo. Cuando el recorrido volvió a inclinarse hacia arriba en la parte final, recuperó la confianza. Sabía que correr cuesta arriba era una fortaleza y lo utilizó como un reinicio mental.

Para los atletas que pasan del asfalto al trail, esta es una lección clave. La capacidad aeróbica se transfiere. La durabilidad muscular, no. El estado de forma debe sostener no solo la demanda cardiovascular, sino también la carga excéntrica que genera el terreno vertical, tanto en subida como en bajada.

Junto con la transición del ritmo al control por frecuencia cardiaca, Molly ha empezado a profundizar en las prestaciones de COROS, explorando e integrando más herramientas del reloj en su preparación.

“Creo que, a medida que he evolucionado como atleta, he podido sacar cada vez más partido a las funciones, como si hubiera crecido junto al producto. Una herramienta que nunca usaba cuando era maratoniana, pero que ahora utilizo constantemente, es la función de mapas y la navegación.”

En trail, la navegación no es un lujo. Un giro equivocado podría haber significado perder el Golden Ticket. Además, la navegación reduce la carga cognitiva. Cuando la fatiga aumenta, cada pequeña decisión consume energía. Delegar parte de eso en el reloj ayuda a conservar la concentración.

“Es genial cuando te avisa con antelación: ‘oye, viene un giro cerrado a la derecha’”, explicó Molly. “Te da un nivel extra de conciencia sobre el entorno, y eso es realmente útil.”




No tener miedo a equivocarse

Con cerca de un tercio del recorrido completado, Molly salió de un avituallamiento sin rellenar agua. La consecuencia parecía menor, pero todavía no había aprendido el valor de mantenerse siempre abastecida. Poco después se quedó sin agua y tuvo que resistir los siguientes 8km hasta el siguiente punto de asistencia.

En un maratón puedes sobrevivir a pequeños errores de alimentación. La carrera es lo suficientemente corta como para que el daño sea manejable. En un ultra, no.

“Los errores de nutrición pasan una factura enorme en un ultra. Y eso es algo a lo que no estoy acostumbrada”, dijo Molly. “Hay más consecuencias y tienes que convivir con ellas durante mucho más tiempo.”

Describió haber estado en un profundo bache mental durante más de 30km, justo en el tramo clave de la carrera. El ritmo inicial, combinado con los errores de hidratación, generó un largo periodo de dudas. Lección aprendida: tu logística debe estar tan preparada como tu cuerpo.

Más adelante, su entrenador insistió en que llevara una botella de mano, a pesar de su resistencia. Ella no quería. La llevó igualmente. Y bebió. Le ayudó.

“No tengo la experiencia suficiente para saber que eso es lo que necesito. Y se trata simplemente de estar dispuesta a aceptar que voy a cometer errores y aprender de ellos.”

La experiencia reduce la distancia entre equivocarse y saber cómo corregirlo. Molly está al inicio de esa curva de aprendizaje. En Western States cometerá menos de esos errores.




La carga mental de un 100K

Molly explicó que pasó horas en un estado mental que nunca había experimentado en un maratón. Hasta entonces, su sufrimiento más profundo duraba minutos. En un 100K, puede alargarse durante horas.

Black Canyon ofrece 3 “Golden Tickets” que dan acceso a la Western States 100. Cuando la adelantaron y salió de la lucha por el podio, Molly reconoció que fue un momento complicado. Entonces su entrenador le dio la mejor noticia del día: Tara Dower, justo por delante de ella, ya tenía su plaza asegurada. Si Molly mantenía su posición, conseguiría la suya.

“Sentí que me perseguían durante los últimos 50km de la carrera. Lo tenía en la cabeza todo el tiempo. Y creo que me ayudó mucho recordar que el objetivo del día siempre había sido conseguir ese Golden Ticket. Ahora mismo no está en tu radar ir a por el podio, pero sigues compitiendo.”

Ese tramo fue otro aprendizaje. Las demás favoritas llevaban pacer; ella no. Por suerte, alcanzó a Craig Hunt, antiguo compañero de sus años en maratón, que se ofreció a acompañarla durante 25km clave.

“Sinceramente, creo que salvó mi carrera, porque había subestimado cuánto puede ayudar un pacer en una prueba así.”

Tener a alguien que marque el esfuerzo, gestione el ritmo en las subidas y la mantenga mentalmente conectada probablemente fue decisivo para conservar su posición.




Reconstruir, recalibrar y mirar hacia adelante

No fue una preparación perfecta. Hace un año, Molly no entrenaba con regularidad. Gran parte de 2025 la dedicó a reconstruir volumen y capacidad. Los entrenamientos de calidad no comenzaron hasta el otoño. En algunos momentos tuvo que bajar el ritmo. Los viajes y el invierno añadieron todavía más dificultades.

“En los últimos dos años ha habido mucha incertidumbre en torno a esto. Era un riesgo enorme para mi carrera, y no había ninguna garantía de que fuera a funcionar.”


Ahora, la Western States aparece en su horizonte. En el trail running, esa carrera tiene un peso histórico comparable al de unos Juegos Olímpicos. Está considerada la carrera de 100 millas más antigua del mundo. Para Molly, conseguir una plaza en una cita tan prestigiosa consolida su compromiso con esta nueva dirección y marca el inicio del siguiente capítulo de su carrera.

“Pasar del maratón al trail no es algo sencillo. Es un reto enorme para mí, y precisamente por eso me atrae. Me gusta intentar llevar mis límites más lejos y ver hasta dónde puedo llegar. Es apasionante poner a prueba mis límites con algo que es de lo más exigente que he hecho jamás, y exigente de una forma completamente diferente a todo lo anterior."

Molly sabe que todavía está en construcción. La experiencia en Black Canyon le hizo valorar la exigencia de la carrera mucho más que antes.

De eso se trata.

No se trata de un experimento puntual, sino del inicio de un nuevo camino profesional. Ahora el entrenamiento será más específico. Mejorará su rendimiento en las bajadas. La estrategia de nutrición, será más precisa.

“Tengo muchísimo margen de mejora en los entrenamientos, pero mira: puedes pasar de cero a conseguir un Golden Ticket en un año. Si sumamos otro año de trabajo constante, quién sabe de qué seremos capaces.”

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